
“La hija oscura”, adaptación del bestseller de Elena Ferrante, fue el debut como directora de la premiada actriz de culto Maggie Gyllenhaal. Narra la historia de Leda (Olivia Colman), una profesora de universidad a punto de cumplir los cincuenta que se va de vacaciones a la costa griega. La tranquilidad se rompe con la llegada de una bulliciosa familia americana, entre ellos Nina (Dakota Johnson) y su hija pequeña. Leda observará desde la distancia la relación de Nina con su hija y su inseparable muñeca. Es el momento en el que se construyen poco a poco los recuerdos de Leda de joven con sus hijas, interpretada por la magnífica Jessie Buckley.

La novela y la película bucean en la idea de la maternidad, no solo como una fuente de plenitud, alegría y amor incondicional sino como germen de culpa, frustración, miedos y contradicciones. Una constante lucha interior entre ser buena madre y querer buscar la independencia y realización personal.
Aunque la película fue un gran principio para su directora y tuvo el beneplácito de la crítica e incluso ganó varios premios, no llega a la complejidad psicológica que el libro nos ofrece de la protagonista. Todo lo que no puede alcanzar la experiencia cinematográfica, se suple con una gran fuerza visual y sensorial.


