
Mijaíl Bulgákov (mayo de 1891–marzo de 1940) vivió bajo la censura de la Unión Soviética, lo que perjudicó notablemente su carrera literaria, ya que muchas de sus obras fueron prohibidas o duramente criticadas. Se vio obligado, además, a depender económicamente del mismo sistema que cuestionaba. Su gran talento —o “superpoder”— consistía en ridiculizar al poder sin caer en el panfleto, lo que explica por qué, aún hoy, su crítica social sigue resultando sorprendentemente vigente.

La escritora rusa Tatiana Nikítichna Tolstaya (mayo de 1951) es especialmente reconocida por ser descendiente del mismísimo León Tolstói y combinar esa poderosa herencia con un estilo moderno y algo surrealista. Saltó a la fama en los años 80 con relatos breves llenos de imaginación oscura y crítica social. Con su novela distópica Kys, sorprendió al narrar un futuro postapocalíptico ruso donde el lenguaje se va deformando y adaptando a la nueva realidad.

Zoé Valdés (mayo de 1959) es una escritora cubana y una de las voces más contundentes de la literatura del exilio. Nacida en La Habana y residente en París desde los años 90, alcanzó gran notoriedad con La nada cotidiana, una novela de fuerte carga autobiográfica y diálogo interior que comienza y termina con la frase «Ella viene de una isla que quiso construir el paraíso…», y que retrata la vida bajo la dictadura con crudeza e ironía, desde una mirada íntima donde lo cotidiano se convierte en un espacio de resistencia.

El escritor estadounidense Walker Percy (mayo de 1916–mayo de 1990) destacó por explorar a individuos sin crisis visibles pero profundamente alienados en la sociedad moderna, desde una perspectiva filosófica y existencial. A él se debe la publicación de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, quien se había suicidado once años antes tras no lograr publicarla. Formado como médico, dejó de ejercer tras contraer tuberculosis, lo que lo llevó a dedicarse de lleno a la literatura. En sus escritos combina ironía con una profunda inquietud por la condición humana.


