
Louise Glück (abril de 1943–octubre de 2023), nacida en Nueva York, fue la duodécima poeta laureada (2003-2004) por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2020. Encarnó una forma de autoridad literaria basada en la precisión y la honestidad, alejada de la notoriedad pública. Su voz literaria es contenida y austera, aunque paradójicamente trata los temas más amplios y complejos de la experiencia humana. Aunque evita el dramatismo, sus poemas resultan perturbadores por la lucidez con la que mira. Esa falta de pudor nos obliga a mirar aquello que normalmente preferimos evitar.

Robert Otto Walser (abril de 1878–diciembre de 1956) fue un escritor suizo enigmático tanto en lo personal como en lo literario. La mayor parte de su vida desempeñó empleos modestos como oficinista o criado. Con un estilo engañosamente simple, escribía frases cortas y percepciones infantiles que escondían una gran sofisticación. En 1933 fue trasladado al sanatorio de Herisau con un diagnóstico que pasó de esquizofrenia a catatonía crónica. Dejó de escribir, pero desarrolló sus célebres “microescritos”, textos en caligrafía Sütterlin, diminutos y casi indescifrables en papel de carta o envoltorios de chocolatinas.

Leonora Carrington (abril de 1917–mayo de 2011), nacida en Inglaterra y nacionalizada mexicana, fue una figura del surrealismo tan seductora como inclasificable que encontró en la escritura un espacio de libertad radical, equivalente al de la pintura. Sus relatos, atravesados por lo onírico y lo simbólico, desdibujan las fronteras entre lo humano y lo animal, lo cotidiano y lo extraño, con una lógica propia que rehúye cualquier intento de interpretación cerrada. En ellos despliega un humor oscuro y una rebeldía constante, como si cada texto fuese una forma de desobediencia frente a la realidad establecida.

Halldór Kiljan Laxness (abril de 1902–febrero de 1998), nacido en Reikiavik, fue una de las voces más sólidas de la literatura europea del siglo XX. Su obra, profundamente arraigada en el paisaje y la tradición de Islandia, combina realismo social, ironía y una sensibilidad casi mística hacia la vida rural. A través de personajes solitarios y obstinados, exploró la pobreza, la dignidad y las tensiones entre modernidad y herencia cultural. Su estilo despliega una complejidad moral que evita el juicio fácil y adopta una mirada compasiva sobre las contradicciones humanas.


