
Mientras Anaïs Nin escribía sobre el deseo y el sexo, su vida amorosa respondía a esa multiplicidad de identidades que tanto la obsesionaba. Estaba casada con Hugh Guiler, un hombre discreto que le ofrecía estabilidad y la protegía de los sinsabores del mundo práctico, además de financiar su carrera literaria. Al mismo tiempo, mantenía una relación apasionada y secreta con Henry Miller.

Y al ver que aquella situación no acababa de saciar su concepción del amor y la libertad, se casó en secreto con Rupert Pole sin haberse divorciado de Hugh Guiler. Cuando esta coreografía amorosa salió finalmente a la luz, Nin restó importancia al escándalo y lo definió como una «necesidad emocional».


