
Los Inklings fueron un grupo de amigos que se reunía en un pub de Oxford para leer en voz alta sus manuscritos, criticarse mutuamente y debatir sobre literatura, mitología, religión y narrativa fantástica. Casi sin imaginar el alcance que tendrían, acabarían dando forma a dos de los universos más influyentes de la fantasía del siglo XX: El Señor de los Anillos y Las crónicas de Narnia.

C. S. Lewis fue el mayor apoyo de J. R. R. Tolkien, animándolo a continuar una obra que parecía no terminar nunca. Sin embargo, la admiración no era del todo recíproca: Tolkien nunca terminó de convencerse de Las crónicas de Narnia. Le incomodaba su mezcla de simbolismo cristiano, faunos, Papá Noel, animales parlantes y mitología clásica. Una de las grandes paradojas de la historia de la literatura: quien más hizo por impulsar El Señor de los Anillos escribió una saga que Tolkien leyó siempre con reservas.


