La ‘patafísica, definida por el novelista y poeta francés Alfred Jarry como «la ciencia de las soluciones imaginarias», nació con la vocación de burlarse de la obsesión humana por clasificar, etiquetar, cuestionar y explicarlo todo. Si la física estudia las leyes generales y la metafísica busca lo que hay más allá de ellas, la ‘patafísica se ocupa de las excepciones, del absurdo y de cuanto escapa a la lógica. Tan inútil como fascinante, reivindica el placer de pensar sin finalidad, disfrutar del proceso creativo, jugar con las ideas y aceptar que no todas las preguntas necesitan una respuesta.

Con el tiempo se convirtió en mucho más que una broma literaria. Inspiró a escritores, artistas y pensadores que entendieron que imaginar lo imposible también es una forma de ampliar la realidad. Fue un poderoso catalizador de una sensibilidad compartida por creadores como Marcel Duchamp, Eugène Ionesco o Samuel Beckett, entre muchos otros.
Aunque el Collège de ‘Pataphysique se presentaba a sí mismo como una institución dedicada a una ciencia inútil, pocas cosas resultan tan liberadoras como aprender a mirar la realidad desde una lógica que desafía todas las certezas.


